Cuando los niños nacen se ponen a llorar como si no hubiese un mañana. Es un llanto fuerte, irritante. Y es que es injusto... A ese adorable bebé lo han sacado a la fuerza del útero materno y tiene que respirar con sus pequeños pulmones. Es la naturaleza humana. Nadie quiere que le dejen a la intemperie, rechazado y solo.
Cariño, aceptación y amor incondicional. Todos queremos eso; lo buscamos. Pero cuando lo encontramos, es aterrador porque tan rápido como lo encontramos puede desaparecer y volvemos a la intemperie... solos.